Esa violenta ciudad de zona norte

Qué loco lo de Caleta Olivia este fin de semana: dos pibas de 12/13 años apuñalaron a otra chica de la misma edad en la Fiesta del Estudiante, el sábado. La piba está muy grave, las otras dos chicas subieron historias a Instagram después de lo que hicieron; y ahora se sabe que una de ellas tiene antecedentes de situaciones de violencia en la calle, en una plaza y en la escuela.

Esto ocurre en la misma ciudad donde al menos cuatro presos murieron adentro de distintas comisarías en el último año: Rodrigo Curaqueo tenía 19 años, había sido demorado por una simple pelea familiar y apareció ahorcado en la Comisaría Quinta en abril del año pasado. Lo más llamativo del caso es que tardaron muchas horas en avisarle a la familia y nunca se peritó el buzo con el que supuestamente se ahorcó.

El 31 de diciembre del año pasado, en vísperas de año nuevo, otro detenido, Santiago Díaz, «se infartó» en un intento de fuga de la Comisaría Segunda: luego se supo que murió por asfixia mecánica, así lo reveló la autopsia y un policía se quebró. Al muchacho le aplastaron una rodilla contra el cuello, mientras estaba en el suelo. Como le pasó al negro George Floyd en Estados Unidos hace un par de años, cuando tomó fuerza el Black lives matter: «las vidas de los negros importan».

En junio de este año, en la Comisaría Cuarta de Caleta, Jeremías Cuenca se ahorcó con una media y un barbijo luego de ser demorado por un simple hurto en la calle. Todo es tan sospechoso y sintomático.

El cuarto muerto era un abusador por el que nadie reclamó demasiado.

Una persona muy cercana que estuvo en esa ciudad hace unos meses me decía que le llamaban la atención dos cosas: la cantidad de pibes fisurados que andan en la calle, en los barrios («pero fisurados mal, en serio, acá eso no se ve así») y, otra vez, lo agresiva que es la policía provincial.

Siempre recuerdo que, hace unos pocos años, un nene de no más de 9 años me echaba de su barrio, de su calle, cuando supo que yo no era de ahí, durante una actividad política en una barriada de mala fama. El nene que con suerte me llegaba al pecho me echaba marcando territorio: apenas le entendía lo que me decía, nombraba a su barrio y a Caleta Olivia.

Nos vive pasando que los problemas nos estallan en la cara cuando irrumpe una «noticia», cuando la sangre ya llegó al río. Seguramente hay en Caleta -como en todos lados- muchas cosas buenas, nobles, y pibes que corren mejor suerte y tienen mejores horizontes.

Pero toda esta violencia, apenas resumida al paso y en caliente («el reporte» podría ser más detallado), es muy triste y preocupante hace ya demasiado tiempo.

Las imágenes corresponden al sitio de noticias El Caletense.

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