Verdad poética

Decía hace unos días que siempre llego culturalmente tarde, o medio tarde, a casi todos lados. Seguramente en unos años me parecerá genial una canción que fue editada este año y conoce medio mundo. Lo mismo me pasará con un libro, con un autor o una autora, con una serie.

Este libro salió hace justo un año y en estos meses se fueron publicando varios poemarios más de esta colección, Poesía Sudversiva. El libro reúne a los autores de la primera decena de las publicaciones de esta serie.

Anteanoche lo agarré y me pasó lo que no suele pasarme tan seguido con el género, del que me considero un visitante bastante esporádico.

Entré al libro y ahí me quedé. Y fluyó en la lectura un conjunto de poetas  –en su mayoría mujeres– en quienes encontré versos realmente bellos. Versos escritos con potencia creadora, versos reveladores. Escritos lúcidos, ciertos, crudos, verdaderos. Muchos textos, así.

Celebro la vitalidad y la polenta de estos libros de la revista y editorial que empezó hace dos décadas con el lema de hacer Otro Periodismo.

Como dice Cerati en Deja vu: Todo es mentira ya verás / La poesía es la única verdad / Sacar belleza de este caos es virtud.

Que viva la verdad poética en este tiempo adverso, de este país que también tiene mucho de deja vu.

Autobombo

Le conté al público del Facebook e Instagram algo que pasó en este blog. Allí titulado «La gastritis de los periodistas», acá le ponemos un título más honesto: autobombo.

La gastritis de los periodistas. Ese era el título de una columna de opinión, escrita por un periodista, que leí hace dos décadas y que me marcó. Creo que la leí en la extinta revista Veintitrés, que a principios de los dos mil compraba cada semana (o cuando daba el mango); también compraba TXT, la revista de Adolfo Castelo, que empezó a usar los colores flúor cuando nadie lo hacía en el género y decía que quería que la revista fuera un objeto bonito. Lo era. Luego Castelo murió joven y fue tapa, blanca como su pelo, en su propia publicación.

No recuerdo el nombre del autor, pero era un español el que hablaba de la gastritis de los periodistas. La nota decía, según recuerdo (aunque sabemos que los recuerdos van mutando), que hay periodistas que esperan escribir hoy la nota de sus vidas, y si no será tal vez mañana; periodistas que esperan con su nota voltear a un ministro, a un alto funcionario; o tal vez poner en jaque a un gobierno entero. Sin embargo, este hombre decía en su artículo que, al fin de cuentas, a lo mejor que puede aspirar un periodista es a ser leído (hablaba de los periodistas del papel).

Hoy estamos en plena reconfiguración del periodismo por el impacto de Internet, lo sabemos y lo vivimos (como periodistas y como consumidores). Tal como le sucede a todos los demás consumos culturales, en el sentido amplio de la palabra. El mismo tsunami se llevó puesto al cine, a la televisión, a la música. Internet está reconfigurando nuestra vida en sociedad, al fin y al cabo.

Leí por allí, en un estudio sobre consumos culturales de Argentina que ya tiene unos años, que el libro es el último bastión del papel y que los blogs gozan de bastante buena salud, a pesar de todo. Esto es: parece haber un espacio para la lectura detenida en Internet que va hacia los blogs. Vale apuntar que aquel estudio ya debe tener unos cuatro años, calculo.

Dicho todo esto voy llegando al punto. ¿Escribí este palabrerío para terminar haciendo autobombo? Un poco nomás.

Resulta que este fin de semana posteé en mis distintas redes (Facebook e Instagram: post, historia y reel; más historia de WhatsApp) un resumen de las publicaciones de mi blog personal en los primeros seis meses del año. La idea era invitar al público a leer los trece escritos subidos y, en tren de experimentación, ver qué pasaba. Los de este semestre son, además, textos con más impronta personal que periodísticos. ¿El Like y la reacción llevarían al acto de hacer click e ingresar? Suele pasar que hay contenidos populares en redes que no necesariamente se traducen en el resultado final que se espera (vender un producto, interactuar, etc).

Pues bien. Me dio una gran alegría entrar al blog y leer que “Apuntes de la Realidad (y otras Ficciones) está recibiendo un montón de tráfico”. Recuerdo que la nota más leída, hace dos veranos atrás, fue la que escribí sobre el abandono que hizo el gobierno provincial de la planta estable de El Calafate. Esa nota iba directo a la memoria de miles de santacruceños y se tradujo en lecturas, unas diez mil, un número monumental para un simple blog gratuito y doméstico.

Lo más curioso que ocurrió en estos días es que hay una serie de escritos del blog que alguien leyó desde Irlanda. ¿Acaso un Doolan de mi árbol genealógico? ¿Un irlandés que buscaba otra cosa y terminó en el blog, por lo azaroso que también es Internet? Quién sabe.

Como bien escribió aquel columnista en la revista Veintitrés, un periodista que escribe puede aspirar a ser leído. No es poco, aunque no alcance para otras cosas.

Y aunque me guste el blog y estamos ahora interactuando en estas redes sociales, extraño las revistas de papel y reivindico el valor irremplazable del tacto, en la lectura y en otras cosas de la vida.

POSDATA: If the person from Ireland who read this blog in the last few days is still here, please write a message and say why you are here. I’d love to know the reason.

El perro en la rama

Siento que, en términos de quehacer cultural (por decirlo de alguna manera), casi siempre llego tarde a todos lados. Rara vez soy el descubridor, y cuando lo soy me enorgullezco. Rara vez siento vanguardia.

Esta observación vale para decir que, a mis 40 años cumplidos hace poco, es la primera vez que veo publicado en papel un texto de ficción de mi autoría. En la era de las redes y de los celulares vivimos «publicando» pavadas. Pero publicar en papel es otra cosa.

Casi nunca escribo ficción porque me considero un periodista que, a veces, escribe. Y suelo hacerlo intentando echar mano a las herramientas nobles de este oficio. Por lo tanto, ver el cuento publicado tiene además algo de travesura.

Me encanta que sea en La Rama, cuyo trabajo ya he dicho varias veces que respeto, valoro y admiro. Desde ya que no es casual. La casualidad es otra cosa.

Releí el cuento en el papel y me gustó. Muchas veces no me pasa cuando me releo.

Ojalá ese perro azul tenga la suerte que su corazón desea.

Los 7 libros de la Feria del Libro

Las experiencias sociales, de vivencia, como la Feria Provincial del Libro que terminó hace unos días, suelen dejarme cosas decantando con el correr de los días.

El domingo a la noche, casi a medianoche y con la feria recién terminada, comenté acá que lo más groso de las ferias del libro son los vínculos (y la alegría de los pibes yéndose contentos con su libro nuevo).

Hoy fui abriendo de a uno los libros que se me fueron apilando en estas dos semanas maratónicas, y acá están. Me vino a la memoria algo que me dijo un viejo librero de la ciudad hace unos años, en su librería: “El que te diga que lee los libros, miente. Nosotros los libreros somos lectores de las solapas y contratapas”.

Creo que hay bastante de cierto: en el caso de Sudestada, han editado tanto en los últimos años que hay libros que no llegué a hacerles más que una pasada rápida.

Vuelvo. Decía que entonces ahora sí pude abrir, con tiempo, estos libros que están en la foto. (1) “Patagonia rebelde (Cien años)” llegó justo antes del inicio de la feria en la caja de libros del IPS, de Ernesto Zippo, con quien compartimos stand, y Jorge Curinao, que me estaba ayudando a armar el puesto contrarreloj, lo puso a la venta. Luego supe que Ernest me lo había prestado, de modo que podré leerlo ahora que dispongo de tiempo. Los nombres de los autores de esta compilación (Bayer, sus hijos Esteban y Ana, el español Alonso Marchante, el chilote Mancilla Pérez) invitan a la lectura.

(2) “Hemisferio derecho” es el segundo libro de poesías de Luis Vivar, que se dio una vuelta por el stand a inicios de la feria y conversamos un rato largo. No lo hacíamos desde antes de la pandemia. Andaba trayendo sus ejemplares, que iba dejando a los libreros que ofrecen las publicaciones de los autores de la ciudad y de la provincia. Lo leeré con gusto.

(3) El número 8 de la revista-libro La Rama es una lectura y un objeto especial. Siendo su lector desde (casi) el inicio de la publicación –en realidad la descubrí cuando salió el número 2, justo antes de la pandemia–, me da una enorme satisfacción ver nuestros cuentos publicados. Digo nuestros porque allí estamos Ruth Salfate, Esteban Lehue, Sandro Díaz y yo, que venimos trabajando en otro proyecto junto a otros dos colegas más hace un tiempo y terminamos por esa razón apareciendo en La Rama gracias a la generosidad y la mirada receptiva de Patricia Jiménez, María Sol Martínez y Ariel Di Leo. Ya estuve leyéndola a los saltos en las últimas semanas, hojeándola, y se disfruta tanto como el número que la precedió.

(4) Al día siguiente de la presentación de La Rama llegó a mis manos “Sentires del río Santa Cruz”, un libro cuya existencia desconocía hasta unas horas antes de su presentación en la feria. Fue un gusto y una verdadera alegría compartir con la colega (periodista) Noel Miranda, su autora, de Puerto San Julián, ese lunes y martes de charla extensa y súper interesante junto a Esteban Lehue. El libro reúne el testimonio de diez mujeres, que en una serie de entrevistas continuadas explican las vivencias y las razones por las que se oponen a la construcción de las represas sobre el río Santa Cruz. En mi caso, es la primera vez que leo un registro periodístico de este tipo sobre un tema del que sabía y sé mucho menos de lo que debería. Al libro lo fui leyendo en las tardes de feria y me pareció interesante, al tiempo que me dejó la sensación de publicación abierta, de experiencia que continuará, tal vez mutando en otras formas de comunicar la causa que defiende.

(5) Visitando por fin los stands de la feria cuando el puesto de Sudestada dio una tregua, encontré “El boliche de Sotuyo” en el puesto de la UNPA. Editada en 2013 desde la Unidad Académica Caleta Olivia, esta historieta “es resultado del proyecto de extensión denominado ‘La historieta y la historia regional: un aporte para ser utilizado en las aulas”. En mi memoria difusa, el nombre del boliche me remitió al periodo de las huelgas de la Patagonia Rebelde; y en seguida pensé en Luis Milton Ibarra Philemon, cuyo conocimiento y memoria prodigiosa siempre nos ayuda a precisar los hechos, lugares y personajes de las huelgas de 1920 y 1921. Además de interesante, en lo que pude ver esta tarde, me pareció una publicación de muy buena calidad en su género.

(6) «Silenciados los fusiles» es una publicación recién aparecida en la que un grupo de escritores publican un conjunto de poesías y cuentos en el marco el centenario de las huelgas patagónicas. La ideóloga del proyecto es la profesora Natacha Peñaloza, a quien conocimos en el stand de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores, seccional Santa Cruz). La publicación se abona a voluntad y allí escriben, entre otros, Esteban Lehue Sandoval, Cristina Nuñez y la colega Adelina Estrada, por nombrar a algunos.

(7) Estábamos en una larga charla en el puesto de Sudestada en el penúltimo día de feria, cuando le pregunté a Felipe Cervine por aquella Antología de cuentos que había editado junto a sus talleristas hacía unos años, acá en Río Gallegos. Le comenté que no había podido conseguir un ejemplar y, literalmente, sacó uno de debajo de su brazo. Justo le habían devuelto uno de los dos ejemplares que le quedan y me lo prestó, gesto que agradezco. Esta tarde-noche hice trampa y comencé por el final. Leí el “epílogo necesario” y me alegró escuchar la voz de Felipe, contándonos la experiencia del taller literario que llevó adelante durante varios años, hasta antes de la pandemia.

Supongo que cada persona que vive la Feria del Libro desde su lugar, desde su quehacer, volvió a casa con el bagaje de las charlas y de los encuentros. Y regresó además con nuevos libros a ser leídos.

Aunque cuando me puse a teclear pensé que este apunte sería más corto, comparto este repaso a modo de convite de las publicaciones y sus autores.

Llega la tormenta

La foto es de agosto de 2013, días en que me entretenía tomando imágenes con una camarita digital traída por mamá desde Punta Arenas. Por esos días también supe de las alas de bicicleta, que me había comprado usada un año y medio atrás. Pero esa tarde se venía rápido la tormenta (si miran bien, ahí al fondo, se ve el voladero de agua); y entonces debí buscar refugio. Un grupo de palomas me hizo lugar en un rincón del galpón costero, donde se hacen las ferias los fines de semana. La bicicleta se mojó bastante, no había lugar para todos.

Dos quesos

Noche fría, casi invierno y aunque ya no te creía en esta ciudad sin embargo apareciste, conjunción del Mar con el Sol a las 21.40, quién lo hubiera pensado posible.

Perdón y gracias, gracias y perdón dijiste, palabras que son bienvenidas. Tratando de explicarte mal dormido aquel último episodio, yo recién despierto, porque el hambre y la heladera vacía me sacaron de la cama y me llevaron a La Anónima antes de que cierre.

Quizá esto sea un sueño pensé, cuando una gitana me quiso levantar entre las góndolas. Lo que faltaba. Qué día raro.

Gracias dije yo también, caminando de regreso, mirando hacia arriba. Adelante de la heladera de los quesos me preguntaste cómo estaba. Los ojos se te pusieron vidriosos. Te dije que bien, y es cierto, aunque en el regreso me acordé de todo lo que debí pasar y decantar en este tiempo.

Creo que nos vamos a querer siempre. «A vos te deseo lo mejor del mundo». Se llama Los Puentes Invisibles.

Mudanza

En la casa nueva hay un espejo que tiene la virtud de decir algunas verdades.

Los espejos de Buenos Aires, en cambio, no me reflejaban, o lo hacían a su manera. Engañosos.

Al espejo que quedó allá, en la otra casa, era yo quien muchas veces le mentía, mintiéndome, como si fuera posible engañarlo.

Las mentiras tienen patas cortas dice el dicho. Las dichas frente al espejo son un búmeran que te pega en el entrecejo.

Más tarde, o más temprano.

Bondi

Los colectivos de la nueva empresa concesionaria todavía suben a los pasajeros de manera gratuita en Río Gallegos.

Un amigo se toma una hora en la tarde para subirse, cada día, a una línea distinta y hacer el recorrido.

Observa la ciudad, presta atención a los pasajeros, se interna en los barrios de la enorme periferia.

–Me siento y pongo música.

El día que escriba al respecto creo que publicará algo hermoso. Alguna verdad.

*

(Busqué en Google “Catova Río Gallegos” y apareció esta foto, cuyo autor figura en la parte inferior)

Los silencios de la gobernadora Kirchner y las injusticias en Santa Cruz

De la muerte de Rodrigo Curaqueo al caso de Marcela López.

Esta semana se cumplió un año de la muerte del pibe Rodrigo Curaqueo en un calabozo de la Comisaría Quinta de Caleta Olivia. Fue el 7 de abril de 2021. Los invito a refrescar la memoria en el post que replico al pie.

En un par de entrevistas esta semana, su hermana Brenda cuestionó la instrucción de la causa judicial. Cuenta que al día de la fecha nunca accedieron a la pericia forense. ¿Recuerdan que también despareció el buzo con el que Rodrigo supuestamente se ahorcó?

Otro punto no menor es que Brenda cuenta la manera en que su abogado defensor no los atiende, no da respuestas, no avanza. Mientras, ella y su mamá siguen vendiendo empanadas para pagarle una suma muy abultada de dinero. Muy sugestivo lo del abogado.

Muy.

A la muerte de Rodrigo se le sumó otra muerte posterior también adentro de una comisaría en Caleta Olivia: el 31 de diciembre de 2021, el preso Santiago Díaz «se infartó» cuando intentaba la fuga en la seccional Segunda. A diferencia del caso de Rodrigo, fue el jefe de la Unidad Regional Norte quien admitió que el preso murió por asfixia mecánica y que el policía autor del hecho debería pagar ante la justicia.

Se supo en pocos días que un par de policías se quebraron, acusaron a un compañero, y resulta que a Díaz lo mataron metiéndole la pierna contra el cuello, con la cabeza contra el suelo.

Un espanto. Nada que envidiarle al caso del negro George Floyd en Estados Unidos, que desató las revueltas y reavivó la consigna «Black lives matter»: las vidas de los negros importan.

Rodrigo Curaqueo y Santiago Díaz no gozan de la misma prensa: apenas un par de medios entrevistaron a la familia Curaqueo esta semana. Nuestros negros son estos pibes, pobres diablos de barriadas jodidas, marginales, con policías cebados. Incluso Caleta Olivia tiene el antecedente del caso Gustavo Gerez, muerte ocurrida en 2016 también adentro de una comisaría, la seccional Primera.

Sí, tres muertes en tres comisarías diferentes en la misma ciudad.

Por qué elijo titular este post con la gobernadora Kirchner: porque no es inocente que, ante este tipo de muertes, la máxima autoridad política de una provincia chica (en habitantes) como Santa Cruz, jamás haya dicho nada al respecto.

Tampoco lo hizo con la desaparición de Marcela López, de la que se cumplirá un año en mayo. ¿A Marcela se la llevó el río mar adentro luego de suicidarse? ¿Pasó otra cosa? No lo sabemos.

Pero el pésame, la solidaridad, el apoyo; una palabra de la autoridad política que diga que compromete el accionar del Estado, son elementos necesarios y que fueron absolutamente inexistentes en todos los casos.

La especulación y el cálculo no ayudan en nada. El silencio no es salud.

Y mientras el accionar judicial deje enormes dudas sobre casos como el de Rodrigo Curaqueo, lo que seguirá habiendo y se sigue alimentando es la impunidad y el desamparo.

***

Post del 10 de abril de 2021:

YO SABÍA, YO SABÍA, QUE A RODRIGO LO MATÓ LA POLICÍA, cantaban ayer los amigos y vecinos de Rodrigo Curaqueo en el centro de Caleta Olivia. En su mayoría pibes y pibas del populoso Rotary 23, piden justicia por el pibe de 19 años que apareció ahorcado en la celda de demorados de la comisaría 5° el miércoles a la tarde.

La mamá de Rodrigo, Andrea, pidió ayuda a la policía el miércoles a la mañana porque su hijo se había puesto violento luego de llegar borracho a su casa. Se lo llevaron demorado. Luego de todo un día sin novedades, recién a la medianoche del miércoles la propia policía fue avisarle que su hijo se había suicidado por la tarde.

¿Por qué tardaron alrededor de 8 horas en avisarle? ¿Qué son las terribles marcas en el cuerpo de Rodrigo que se ven en las fotografías que dio a conocer la familia? ¿Por qué trasladaron el cuerpo de Rodrigo en la madrugada del viernes, alrededor de las 5, desde Caleta Olivia a Puerto Deseado sin notificar a la madre, quien fue avisada por una trabajadora que la propia policía (apartada de la investigación por el juez) intervino en el traslado del cuerpo de su hijo?

Andrea cuenta que los otros presos de la comisaría llegaron a decirle que escuchaban cómo su hijo gritaba, y que vieron a policías usando guantes de látex. ¿De qué se cuidaban los policías?

La muerte de Rodrigo, un pibe que cae preso momentáneamente y aparece ahorcado en su celda, se suma a la muerte de Gustavo Gerez, ocurrida en 2016 en la seccional primera de policía, también en Caleta Olivia, donde luego del juicio no hubo ningún efectivo policial condenado.

El ministro de Seguridad, Lisandro De la Torre, viajó el jueves a última hora, en horas en que decenas de pibes y pibas reclamaban y desataban su furia en la dependencia policial. Hay varios testimonios del ministro: en lo personal, me llamó poderosamente la atención el titubeo, los nervios y la carraspera posterior cuando en FM Vanguardia le preguntaron concretamente por la demora entre la muerte de Rodrigo y el aviso a la madre.

Sería muy importante que el ministro, por orden de la gobernadora Kirchner, vaya a fondo, caiga quien caiga en la comisaría 5° de Caleta Olivia. Vale decir que el gobierno viene de –entre otros ejemplos– justificar la represión seguida de razzia policial en el reclamo de trabajadores despedidos en Pico Truncado, el año pasado, donde les dieron palos adentro y afuera de la comisaría.

¿Dónde está la secretaria de Derechos Humanos de la provincia, Nadia Astrada?

¡Justicia por Rodrigo!

Fichas que caen

En diciembre se cumplieron los cien años de la Patagonia Rebelde y finalmente me tocó estar muy lejos de Santa Cruz en esa fecha.

Para todos a quienes la historia de las huelgas de trabajadores rurales de 1920 y 1921 nos atraviesa por distintas razones –por la injusticia, por su épica, por nuestros ancestros– la fecha del centenario fue una conmemoración importante. Y allí estuvieron mis compañeras y compañeros de la Comisión por la Memoria de las Huelgas de 1920-1921 de Río Gallegos; y allí estuvo el querido Luis Milton Ibarra Philemon, quién si no él, investigador incansable y profundo conocedor de esta historia.

Pues bien. Sucede que este jueves la Legislatura Provincial sesionará por primera vez fuera de Río Gallegos y lo hará en Gobernador Gregores, en el centro de la provincia. Aunque no tengo expectativas singulares por lo que allí vaya a suceder –lo que falta hace años es trabajo legislativo serio y social e institucionalmente útil–, será un día singular para un pueblo que acaba de cumplir 100 años de vida.

Fue en ese marco que Faty (Gabriel Oliva, diputado de Encuentro, my boss) me pidió una reseña que estuviera vinculada a la Patagonia Rebelde. Él había visitado el Cañadón de los Muertos, allí en la zona de Gregores, a mediados del año pasado.

Entre mis relecturas de aquella historia, en plena pandemia de 2020, preparándome para las actividades del centenario que finalmente pasó en diciembre, recordaba y tenía reseñado este fragmento de Osvaldo Bayer que les comparto, y que me pareció tan simple como extraordinario la primera vez que lo leí.

Será que las fichas caen cuando tienen que caer, la mayoría de las veces de modo inesperado: sentí profunda emoción al transcribir al viejo. Antes de citarlo, vale un breve contexto:

José Font, alias “Facón grande”, fue un entrerriano que vivió en Santa Cruz en los años de las huelgas patagónicas de 1920 y 1921. En solidaridad con los huelguistas, este carrero terminó siendo uno de los líderes de la protesta, en la zona de Puerto Deseado y Jaramillo, al noreste de la provincia. Murió fusilado a manos del Ejército el 22 de diciembre de 1921. Esta anécdota vincula a Facón con el pueblo de Gregores, entonces denominado Cañadón León.

Escribe Osvaldo Bayer:

Pareciera que el paso de Facón Grande por la vida patagónica sirvió de algo. Dejó su semilla. No se sabe por qué razón, años después, tres chatas que eran originariamente de Facón Grande quedaron abandonadas en la huella, en Cañadón León. Y comenzaron a ser punto de referencia en el camino. Las tropas de carros paraban allí, a descansar. Y fue allí, precisamente, donde el herrero alemán Kuney se instaló para arreglar todo lo que fuera llantería de carros, luego de que el estanciero Hospitaleche lo salvara de ser fusilado por las tropas del capitán Anaya. Refiere el más viejo de los pobladores de la zona, Artemio Moreno, que poco después Kuney se hizo una casilla de lata que se convirtió poco a poco en el paso obligado de los carros. Y allí comenzó, a su alrededor, a formarse el pueblo que hoy es la pujante ciudad de Gobernador Gregores. En torno a esas viejas chatas y esa casilla de lata, ya que el hotel Cañadón León y la sucursal de La Anónima quedaron lejos, a un costado de la población. ¡Lindo origen para una ciudad! El recuerdo de las herramientas de trabajo de un gaucho patagónico fusilado por hacer pata ancha y acompañar en una patriada imposible a los humildes que le pidieron su ayuda y su consejo. / Del Libro “La Patagonia Rebelde”, en el Tomo 3 titulado “Humillados y ofendidos”. Fragmento del capítulo Capítulo 6 “El hartazgo”.

Las imágenes son tomadas del trabajo de Luis Philemon, difundido en sus redes sociales; la foto histórica de Facón es, de hecho, fruto de su trabajo de búsqueda incansable.

No dejemos de indagar en la historia y en el sentido profundo de aquella masacre de trabajadores, impune hasta hoy, ocurrida en este suelo, Santa Cruz.