La radio, los amigos

El reencuentro de esta tarde con Gustavo Duarte, el querido Pájaro, tuvo algo singular: él era el dueño y director de FM Río Gallegos, donde nos conocimos hace una década para hacer nuestro programa de radio de actualidad, llamado Así Estamos. Allí fue donde iniciamos un vínculo que hace ya varios años es una amistad.

Sandro es amigo del Pájaro, aunque a él lo conocí unos años después y, con el tiempo, también nos hicimos amigos. En 2016, cuando éramos sólo compas de la Feria del libro independiente (la FLIA), fui a su programa Rock Sin Vueltas en calidad de invitado, en el estudio del Pájaro donde en 2012 habíamos hecho Así Estamos.

Pero fue recién hoy, esta tarde, la primera vez en que nos juntamos los tres, en reunión de amigos, en la visita del Pájaro a la ciudad después de varios años de estar residiendo en otro lugar.

El periodismo, el interés por la política y –sobre todo– la pasión por la radio han sido nuestras grandes cosas en común.

Cuando nos estábamos despidiendo les pedí registrar el momento. Porque pensaba en estas horas que, este año en particular, tuve la posibilidad de ver coincidir a amigos, amigas, a personas muy queridas, que en varios casos no se conocían entre sí y terminaron (terminamos) compartiendo momentos de enorme gratificación para todos.

Es una verdadera suerte.

El Pájaro, quien suscribe, y Sandro (con remera de La Aplanadora).

Esa violenta ciudad de zona norte

Qué loco lo de Caleta Olivia este fin de semana: dos pibas de 12/13 años apuñalaron a otra chica de la misma edad en la Fiesta del Estudiante, el sábado. La piba está muy grave, las otras dos chicas subieron historias a Instagram después de lo que hicieron; y ahora se sabe que una de ellas tiene antecedentes de situaciones de violencia en la calle, en una plaza y en la escuela.

Esto ocurre en la misma ciudad donde al menos cuatro presos murieron adentro de distintas comisarías en el último año: Rodrigo Curaqueo tenía 19 años, había sido demorado por una simple pelea familiar y apareció ahorcado en la Comisaría Quinta en abril del año pasado. Lo más llamativo del caso es que tardaron muchas horas en avisarle a la familia y nunca se peritó el buzo con el que supuestamente se ahorcó.

El 31 de diciembre del año pasado, en vísperas de año nuevo, otro detenido, Santiago Díaz, «se infartó» en un intento de fuga de la Comisaría Segunda: luego se supo que murió por asfixia mecánica, así lo reveló la autopsia y un policía se quebró. Al muchacho le aplastaron una rodilla contra el cuello, mientras estaba en el suelo. Como le pasó al negro George Floyd en Estados Unidos hace un par de años, cuando tomó fuerza el Black lives matter: «las vidas de los negros importan».

En junio de este año, en la Comisaría Cuarta de Caleta, Jeremías Cuenca se ahorcó con una media y un barbijo luego de ser demorado por un simple hurto en la calle. Todo es tan sospechoso y sintomático.

El cuarto muerto era un abusador por el que nadie reclamó demasiado.

Una persona muy cercana que estuvo en esa ciudad hace unos meses me decía que le llamaban la atención dos cosas: la cantidad de pibes fisurados que andan en la calle, en los barrios («pero fisurados mal, en serio, acá eso no se ve así») y, otra vez, lo agresiva que es la policía provincial.

Siempre recuerdo que, hace unos pocos años, un nene de no más de 9 años me echaba de su barrio, de su calle, cuando supo que yo no era de ahí, durante una actividad política en una barriada de mala fama. El nene que con suerte me llegaba al pecho me echaba marcando territorio: apenas le entendía lo que me decía, nombraba a su barrio y a Caleta Olivia.

Nos vive pasando que los problemas nos estallan en la cara cuando irrumpe una «noticia», cuando la sangre ya llegó al río. Seguramente hay en Caleta -como en todos lados- muchas cosas buenas, nobles, y pibes que corren mejor suerte y tienen mejores horizontes.

Pero toda esta violencia, apenas resumida al paso y en caliente («el reporte» podría ser más detallado), es muy triste y preocupante hace ya demasiado tiempo.

Las imágenes corresponden al sitio de noticias El Caletense.

La memoria de las canciones

Esta versión de Amor de primavera es la primera que escuché en mi vida, cuando iba a sexto grado, tenía once años recién cumplidos y había salido la película Tango feroz, en 1993. Ya entonces escuchábamos (con Lucas) las canciones de nuestros hermanos mayores, pero era el rock lo que de manera incipiente empezaba a llamarnos la atención.

Recuerdo que ese casete, Tango feroz, fue el primero que de veras escuché en mi vida. Lo escuchaba entero, Lado A y Lado B, una y otra vez, en un pequeño mini componente con una casetera.

No tenía la capacidad para entender que Tango feroz era la película sobre Tanguito, que ese disco era su banda de sonido, que Fernán Mirás era el actor pero quien cantaba era Ulises Butrón. Todo eso vino mucho después.

El oso y Presente las sé de memoria desde entonces y moría cantándolas. El amor es más fuerte me resultaba tremenda, la cantaba absolutamente compenetrado y debe haber sido la primera letra con mensaje político-social a la que le presté atención en mi vida (“Pedrito escribe sin parar que el mundo está por estallar y los demás en la oficina por nada. Pero el amor es más fuerte…”).

Estaba por asociar Amor de primavera con el recuerdo de la primera chica de la que me enamoré, cuando todavía éramos niños, en ese mismo año. Pero acabo de recordar que California dreamin’, que estaba en el Lado B del casete, me generaba una sensación que me es muy difícil de explicar y que, muchas veces cuando la escucho, aún me lleva a mi cuarto del tercer piso del departamento.

Cerraba la puerta de la habitación y esa chica de la que estaba enamorado, compañera de sexto grado de la escuela, aparecía inmediatamente en mi cabeza mientras la escuchaba. Era un verdadero viaje de la imaginación asociado a la música, pero no era ya un viaje infantil sino una imagen vinculada al deseo, a la atracción sexual.

En paralelo a la inclusión de Me gusta ese tajo del flaco Spinetta (un concepto imposible de comprender, sí en cambio entendía “ella me calienta, la quiero invitar a dormir”), la escena de sexo callejero entre Tanguito y su novia (Cecilia Dopazo), debe ser la primera escena cinematográfica que de veras recuerdo de dos personas cogiendo (un tiempo muy diferente a la actual Internet).

Me fui yendo, pero el espíritu original de esto es que desde entonces, desde que escuché Amor de primavera en 1993, todos los 21 de septiembre me descubro tarareándola y yendo a buscarla. De hecho, es una de esas melodías de canciones que vienen a uno sin razón aparente y terminamos cantándola en voz alta.

Con los años –muchos años después– incorporé las versión original de Tanguito, a la que hoy es muy fácil acceder a través de Internet; y la del gran Luis, desde ya.

“Allá a lo lejos puedes escuchar…”

Consejos de autoayuda

(INCLUYE TIPS PARA RIOGALLEGUENSES)

Advertencia: la foto ilustrativa es engañosa y quizá este texto no deba ser tomado en serio.

Hubo un solo año de mi vida en el que fui cinéfilo, hace cerca de una década atrás. Era un tiempo en el que, por una serie de circunstancias, estuve y me sentí muy solo. Putamente solo. Ese año, además de la enorme cantidad de películas que miré, también me hizo muy bien la música y las lecturas, aunque estas dos cosas ya venían en mí desde antes. Una vez había en casa una revista de literatura, que no sé cómo habrá llegado, allá por el año dos mil. Fue la primera revista propiamente literaria que leí. Recuerdo que Saramago decía, en una entrevista, algo así como que “siempre hay en la literatura algo que necesitamos para nuestras vidas”. Y quizá por las cosas que se despertaban en mí en ese momento, universidad mediante, aquella lectura primera de alguna forma quedó en mí impregnada, como varias de las películas que vi en el año señalado (Los paranoicos, Medianeras, Amorosa soledad, las tres argentinas, muy buenas; varias de Almodóvar y muchas más, pero tengo mala memoria para las películas, lamentablemente). La idea sacada en limpio sería: el arte no te va a salvar, te vas a salvar vos si acaso eso existe: salvarse (me gusta la canción de Leo García que dice en su estribillo “Nadie salva / Saber que nadie salva”). Pero no tengas dudas de que te va a acompañar y te va a hacer muy bien. Pasando en limpio (1) Por eso, fijate con qué te entretenés, prestá atención a tus “consumos culturales”, en el sentido amplio del término. Que no sean solo boludeces.

Cuesta un montón, por lo general, salir de los círculos viciosos que nos habitan. Cambiar algo de uno por lo general cuesta un montón: ¡muchísimo! No creo que haya una fórmula –no, no la hay–. Pero sí me he sentido mejor cuando he podido lograr salir de mi círculo vicioso y, de a poco, con cosas tal vez muy pequeñas, empezar a generar un círculo virtuoso. Algo así como que una cosa buena, aunque sea chiquita, si logramos darle bola, atenderla, sostenerla en el tiempo (tal vez ese “sostener” es apenas cuestión de unos días; unos días “limpios” de las cosas que te llevan a tu círculo vicioso), te llevará entonces a otra cosa buena. (2) La idea sacada en limpio sería: tratá de aguantar, de sostener esa pequeña cosa buena, que es buena porque es mejor para vos; una pequeña cosa buena llevará a otra pequeña cosa buena, que a su vez se va a relacionar con otra pequeñísima cosa también piola y así. Un pequeño círculo virtuoso que rompe con el vicioso.

Si no sos de Río Gallegos y pensás caminar en esta ciudad, siempre recomiendo –si es posible, si la vestimenta es acorde y si te da el presupuesto– caminar con zapatillas de montaña. ¡Posta! Me acostumbré a usar las mismas zapatillas que usamos para ir a Chaltén: zapas de montaña, de trekking. ¡Altas zapas! De muy buena suela, altas, impermeables, calentitas. Antes las comprábamos barato en la zona franca de Punta Arenas, ahora quién sabe. Entre 2014 y 2018, cuando estábamos inundados de aguas servidas, de mierda y de basura (todo esto es literal, cero exageración), era altamente riesgoso caminar en las calles y veredas con calzado normal. Y aunque la fachada del centro haya mejorado, se sigue caminando bastante igual de mal en buena parte de la ciudad. (3) La idea sacada en limpio sería: para caminar en Gallegos, mejor hacerlo con unas altas llantas.

Tratá de no ser un gil, menos un pelotudo o un forro (idea en proceso 4 work in progress).

*

ESTOS APUNTES son los primeros bocetos para un libro de autoayuda que pienso publicar en 2030, que tal vez se va a llamar “Cien consejos de la vida y de autoayuda para los giles que vivimos en Río Gallegos”. Quizá en ese año, dinámica del lenguaje mediante, en vez de “los giles” sea “les giles”, o el agregado “y las gilas”, se verá. Para eso y para los 96 puntos que me faltan, todavía hay tiempo.

POSDATA, aclaración necesaria: hace unos días estoy resguardado por lo que finalmente es covid, y la vedad que no me puedo quejar, la cosa es bastante llevadera; de aburrido nomás pensé en mi libro de autoayuda. No será esto el inicio de un círculo virtuoso, pero bué, es lo que hay.

Foto provisoria: hasta que esté la portada del libro, que vale aclarar que será el segundo en el tiempo por venir, una postal identificable como la del río es la que va.

Un atardecer en la ría de Río Gallegos, primeros días de enero, años atrás.

No importa cuándo veas esto…

APUNTES AL PASO.

No importa cuándo veas esto: este país es una mierda. Eso es lo que parecen decir, es lo que dicen, lo que transmiten cada día, estos muñecos que son operadores del ánimo y de la psiquis y que se hacen pasar por periodistas.

Cualquier bondi les queda bien para hacer lo de todos los días: en su “editorial” de ayer, como no podía ser de otra manera, usaron la muerte de la reina Isabel para pegarle a Cristina y a Argentina, este país de mierda (transmiten).

El hijo de Viale es directamente panfletario y chicanero todo el tiempo, Rossi en cambio habla de las “lecciones cívicas de una reina ajena” para, con más pretensiones de sofisticación, transmitir lo mismo: este es un país de mierda.

Sé que lo que cuento, el episodio, es apenas una anécdota. Tampoco tengo pretensiones de más, es una mínima exposición a modo de catarsis. A una semana del intento de asesinato de la vicepresidenta, el ecosistema de medios, que va y viene y se retroalimenta con lo que pasa en las redes (desde TikTok hasta las cadenas de wasap), está intacto.

Retomo, los sesgos y los argumentos a cada lado de la grieta están intactos, incluso reforzados. Ayer, una analista de opinión pública decía incluso que, tras los primeros sondeos de percepción social tras el magnicidio frustrado, los resultados indican que se reforzó el sesgo a uno y otro lado.

Un grietista me dirá por qué no digo lo mismo del Gato Sylvestre, que en C5N y a la misma hora nos grita como si fuéramos idiotas, pero con el argumento exactamente inverso. Sí, es así, sólo que en casa hice zapping con los muñecos de LN+.

No creo de ninguna manera que seamos un país de mierda: de hecho tenemos un país magnífico, lleno de virtudes y cosas buenas. Sí creo que estamos hechos mierda y que, no sé muy bien cómo, tenemos que tratar de salir de las trampas que nos venden a diario desde sectores de poder de quienes sólo vemos sus muecas.

Viernes, en el Prime Time de la TV.

Periodis-no

Para hacer periodismo y, más aún, periodismo de actualidad, a diario, entonces hay que informar, analizar y opinar. Siempre en ese orden.

La verdad es muchas veces una cosa compleja, discutible, porque lo que llamamos realidad lo es: la cosa pública, lo común, es tantas veces discutible. Pues bien, que la verdad sea entonces el norte a tratar de alcanzar.

En este modo selfie de vida que vivimos: yo, yo y después yo; y en la era de la posverdad que nos atraviesa, donde la realidad se construye y existe en un ecosistema a gusto del consumidor (que se retroalimenta), sucede entonces que estas bases del periodismo están volando por los aires hace ya un tiempo (al menos de lo que pienso que se acerca a la idea de periodismo).

Por eso, pensaba, Magdalena Ruiz Guiñazú, con todo lo discutible y opinable que es susceptible de ser, parece una periodista de otra era, de otro tiempo. Porque lo es.

Nada (muletilla), pensaba esto mientras veía a periodistas en los medios nacionales hablar de ella y del periodismo a lo largo del día.

Y ya que estamos, para exorcizarme un poco digo que, es un espanto todavía mayor, escuchar a diario que comunicadores que tienen que informar, primero deberían informarse, porque no tienen puta idea. Y de paso, ya que estamos, cultivarse un poco.

Al día de hoy, los libros no muerden.

*

MAGDALENA. Muy grosa, distante años luz de la basura que abunda en los grandes medios en este tiempo. Por una cuestión generacional, la escuché en el tramo casi final de su carrera, con “Magdalena tempranísimo” en los años de Continental, durante los primeros gobiernos kirchneristas.

Sus entrevistas con Aníbal Fernández, siempre vocero ocupara el cargo que ocupase, eran muy buenas, a fondo, interesantes y muy entretenidas. La verdad, Magdalena casi siempre tenía razón en el sentido de sus repreguntas y planteos: era muy aguda y súper directa. En esa época tenía de columnistas a Edgardo Alfano, de los pocos periodistas con “línea política propia” del Grupo Clarín, y la excelente María O’Donnell, que ya era buenísima entonces y, desde hace una década aprox., conduce sus propios programas.

No la seguí en los últimos años de Mitre con Lanata, con una línea editorial cada vez más sesgada y afín a ciertos sectores de poder político-económico del país y de la región (me refiero al medio y no a ella), y luego le perdí el rastro. Como sea, cualquier periodista o comunicador que aspire a intentar hacer buen periodismo, en particular en radio, tiene que escuchar programas de radio como los de Magdalena. QEPD.

La señal TN, del Grupo Clarín, fue la primera en dar la noticia.

Creer

Me obsequió anoche un regalo, «por tu cumpleaños», aclaró (pero mi cumpleaños fue hace cuatro meses).

Y me trajo un libro que busqué y no encontré en las librerías que recorrí en enero en Buenos Aires, en singulares circunstancias (sin embargo yo nunca le dije que había buscado este libro).

Supongo que estas cosas pasan porque somos amigos (como sea, me gusta y elijo creer)

*

Gracias Ernesto Zippo por «El violento oficio de escribir», del gran Rodolfo Walsh.

Sory, Scarlett

Soñé que me levantaba a Scarlett Johansson. En realidad, ella venía hacia mí y se me declaraba, pero sucede que nos habíamos conocido hacía un rato en la base del Chaltén, en uno de los senderos. Le había convidado agua. «¿Querés un poco?», le dije.

–¿Y qué hiciste?

Le dije que me perdonara, pero que yo sólo tenía ojos para una muchacha, que me gustaba, y no era ella. «¿La conozco?», me preguntó, pregunta rara en esas circunstancias, pero así son los sueños. En realidad me dijo, «Do I know her?», en inglés.

«No, no la conocés, es una muchacha común, una muchacha de pueblo, como yo, que soy de la capital de la provincia que está más o menos cerca, pero es una ciudad normal, de gente anónima, no una celebridad como vos», le expliqué.

Se ve que la explicación fue un poco larga, siempre me pasa, pero además, bueno, los sueños son así: dejé de verla en escena. Ya sabemos que la gente en los sueños desaparece, o cambia de rostro o fisonomía sin coherencia aparente.

«Sory, Scarlett», llegué a decirle antes de que sonara el ruido del motor que me despertó.

Espero que no se haya quedado muy mal.

Escena de Scarlett en «Match Point», de Woody Allen.

Domingo que ya es lunes

Nada que ver con nada, o sí. Varias veces volví a encontrar estas fotos limpiando el celular para liberar espacio. Son, en mi cabeza, las del posteo que iba a hacer y al final no hice en mi cumpleaños, en abril, a manera de agradecimiento y reflexión existencial (ponele).

No suelo sacarme fotos, no me gusta y no salgo bien casi nunca. Tampoco suelo postearlas, claro. Hoy volví a verlas, limpiando el celu, como decía, y me da vueltas en la cabeza algo de lo que ese día no expresé.

La noche previa a mis 40, de un modo impensado y nada planeado, se hicieron las 12 cuando estábamos terminando de compartir una cena con las y los compañeros de la Comisión junto a Pavel Oyarzún Díaz y su amigo, quien lo había traído de Punta Arenas a las jornadas de Letras de la universidad.

Fue, para mí, un guiño de la vida que agradezco, comenzar el cumpleaños de esa manera: con personas queridas y con un escritor a quien admiro enormemente, y que es cercano y cordial.

Por la noche, la celebración fue como casi toda la vida: una cena en familia que se dio luego, sí, de cambios muy grandes en el devenir de la vida hasta muy poco tiempo antes.

Quien nos enseña cómo se debe comer una torta, solo que lo olvidamos a medida que crecemos, es mi sobrina Alfonsina, una de mis numerosos sobrines (sí, con E), a quienes quiero profundamente.

Sospecho que tipear con este tecladito en el celular limita cierta sintaxis en el devenir del pensamiento, pues no sé si estoy diciendo lo que pensaba decir.

Como sea, y no es sospecha si no certeza, hoy fue un domingo singular, en el que cierto río profundo se hizo sentir durante todo el día. Estaba ahí, subyacente, hiciera lo que hiciese.

Todavía no lo entiendo, pero no importa, porque no se trata de nada malo.

Es la vida.

Que tengan, tengamos, una buena semana.

Verdad poética

Decía hace unos días que siempre llego culturalmente tarde, o medio tarde, a casi todos lados. Seguramente en unos años me parecerá genial una canción que fue editada este año y conoce medio mundo. Lo mismo me pasará con un libro, con un autor o una autora, con una serie.

Este libro salió hace justo un año y en estos meses se fueron publicando varios poemarios más de esta colección, Poesía Sudversiva. El libro reúne a los autores de la primera decena de las publicaciones de esta serie.

Anteanoche lo agarré y me pasó lo que no suele pasarme tan seguido con el género, del que me considero un visitante bastante esporádico.

Entré al libro y ahí me quedé. Y fluyó en la lectura un conjunto de poetas  –en su mayoría mujeres– en quienes encontré versos realmente bellos. Versos escritos con potencia creadora, versos reveladores. Escritos lúcidos, ciertos, crudos, verdaderos. Muchos textos, así.

Celebro la vitalidad y la polenta de estos libros de la revista y editorial que empezó hace dos décadas con el lema de hacer Otro Periodismo.

Como dice Cerati en Deja vu: Todo es mentira ya verás / La poesía es la única verdad / Sacar belleza de este caos es virtud.

Que viva la verdad poética en este tiempo adverso, de este país que también tiene mucho de deja vu.