La autocensura y los servicios

Ayer vi la noticia del fallecimiento de Ricardo Asinsten, un hombre de quien conservo un par de recuerdos iniciáticos en el oficio de periodista, aunque apenas lo traté y me vinculé con él muy pocas veces.

Entre los mensajes institucionales de despedida, todos de la universidad, vale la reseña de uno de ellos que dice que “Asinsten desempeñó labores en Prensa y en la FM UNPA, siendo director en ambos sectores. Del mismo modo, tuvo una destacada militancia por los derechos humanos luego de la Dictadura Militar sufrida por nuestro país desde 1976 a 1983”.

Los dos recuerdos que vinieron a mí guardan relación directa con el perfil que describe el párrafo precedente: uno de ellos lo tengo muy presente, porque la pasé bastante mal. La otra situación vino a mi mente con la noticia de su muerte.

SINCERICIDIO. Recuerdo que era el año 2006 –incluso recuerdo que era la tarde en que se jugaba el partido inaugural del Mundial de Fútbol de Alemania– y fui invitado a un panel sobre “el periodismo en Río Gallegos, el periodismo en Santa Cruz”, una consigna de ese estilo, organizado desde la universidad. Llegué ahí porque, en ese entonces, participaba como co-conductor de un programa de radio de actualidad que era muy escuchado entonces (vale decir que lo era desde antes de mi participación, para que Chacarita no se agrande).

Pues bien, como ex estudiante de la carrera de Comunicación de la universidad (había cursado hasta un par de años antes), era la primera vez que participaba de una actividad pública al frente de un auditorio y no desde el lugar de estudiante. Tenía 24 años recién cumplidos y, la verdad, me costaba mucho la exposición frente a otras personas, puesto que no es lo mismo hablar ante un micrófono adentro de un estudio (que en un momento resulta ser un espacio confortable, donde jugás de local, más allá de la exigencia), que hacerlo frente a decenas de ojos que te están mirando.

Ya no recuerdo casi nada de lo que dije cuando me tocó hablar en el panel, pero sí recuerdo perfectamente que, en un rapto de sinceridad o algo parecido, me encontré diciendo en voz alta lo difícil que era mencionar en la radio los nombres de Rudy Ulloa y Lázaro Báez. En aquel tiempo, el kirchnerismo estaba en la cúspide del poder con Kirchner presidente y, la radio en la que trabajaba (Tiempo FM, programa La Parada, que sigue al aire al día de hoy), tenía una línea editorial no-oficialista que venía de antes de mi ingreso a ese programa, en 2004.

Recuerdo haber dicho, haber querido expresar, que nadie nos decía en aquel entonces que tal o cual nombre no se podía decir, sino que lo que existía era un temor tácito, no explicitado, que llevaba a decir algunos nombres sólo en voz baja en este pueblo. Para entonces, en esa tarde de mediados de 2006, ya empezábamos a hablar al aire de personajes de la estirpe de los mencionados, pero lo que quise significar –según recuerdo– es que el temor existía. Todos quienes vivimos las puebladas de 2007 sabemos que el dique se rompió allí, un año después, y la olla se destapó.

Luego de aquella intervención, en la que me sentía muy nervioso y expuesto, recuerdo que Ricardo Asinsten tomó la palabra y dijo que “peor que la censura es la autocensura”, frase que me marcó a fuego desde entonces. No habló en términos de refutación, tampoco de indignación, sino que realizó un planteo a propósito de lo que había sincerado en esa charla “el joven”.

El texto se está yendo largo, pero quiero precisar dos cosas antes de pasar al segundo recuerdo. En aquella charla abierta, un propietario de un medio (no viene al caso dar su nombre) había dicho que, en la división de tareas de su empresa, “es ella la de los principios”. Han pasado los años y me sigue pareciendo una gran definición de un mercenario del periodismo: un hombre que no aplicaba ningún principio a su negocio, de eso se encargaba ella, la esposa.

Cortito, antes de pasar a lo segundo: siempre vale recordar que, si en 2006 algunos periodistas nos empezábamos a animar a hablar al aire de los personajes en cuestión y de los asuntos pesados de aquella época, es porque unos años antes ya lo habían hecho periodistas como el fallecido Daniel Gatti, Cacho Barabino, Alejandra Pinto (hoy asesora de la gobernadora Kirchner, vueltas de la vida), entre muy pocos otros.

Prometo que es la última digresión: cuando pienso en algunos de nuestros referentes de aquellos años (referentes de mi generación), no puedo dejar de pensar en lo lejos –y conservadores– que los percibo hoy, en algunos de los casos.

LOS SERVICIOS. El segundo recuerdo del fallecido Ricardo Asinsten es de una mañana en que lo entrevistamos en la radio, en aquel programa (La Parada, del multimedio Tiempo). No puedo recordar el año exacto, pero por lo que decía, tiene que haber sido a inicios de 2007, o tal vez unos meses antes. Esa mañana Asinsten denunciaba, con enojo, “que en este mismo momento este programa está siendo grabado, y hay personas que se están dedicando a tomar nota y registrar lo que estamos diciendo”. Lo estoy parafraseando, claro está, pero era ese el concepto que con toda claridad estaba planteando al aire. Asinsten decía que esto seguía ocurriendo en Santa Cruz, en Argentina, en plena democracia.

Para aquel entonces, mi camada de estudio ya se había enterado de que, entre nuestros compañeros e incluso en el claustro docente (vamos a decirlo así, en general), había entre nosotros no menos de cuatro servicios, servilletas, agentes de inteligencia de distintas dependencias estatales.

No sólo tenía razón sino que cuando la cosa se puso brava, ya con la crisis política y la pueblada desatada a mediados de 2007, muchos vivimos, supimos, fuimos testigos (o padecieron) los aprietes y la violencia de entonces, que incluyó las tareas realizadas en este pueblo por los servicios de inteligencia.

Cierto es que los recuerdos que tengo de Ricardo Asinsten terminaron siendo el disparador de algo más amplio. Pero tengo presente con toda claridad su planteo aleccionador para mí: el significado de la autocensura en el periodismo.

Aunque lo conocí muy poco, veo que lo despiden con afecto. QEPD.

Los puentes invisibles

Primer adelanto del libro, viene de las redes.

Aunque este mensaje es para lo que llamamos público en general, quiero más compartir estas palabras con las personas con quienes nos vinculamos, con afecto y afinidad y de distintas maneras, a través de estas redes y en la vida real.

Luego de mucho trabajo que fue un enorme gusto y un gran desafío, en estos días está próximo a concretarse la materialización de Los puentes invisibles, un libro que me dio vueltas desde hace mucho tiempo.

Sin spoilear de más, quiero en esta primera divulgación compartirles un párrafo del prólogo del entrañable amigo Jorge Curinao:

Están aquí las almas de los trabajadores asesinados en la huelga del 21. Está la voz sabia de don Osvaldo Bayer. Está el recuerdo de nuestros vecinos ilustres, quién pudiera olvidar a un tal Quique. Está la reflexión de una pandemia atroz que nos dejó al borde del silencio, la muerte cercana. Y también está la presencia de un duende bueno que habita en las frías aguas de nuestra ría.

No tengo aún palabras para expresar lo que quisiera decir cuando pienso en Jorge y en un puñadito de personas que fueron mis cómplices en esta empresa. Ya será tiempo de contarlo a propósito del libro, pero desde ya que la concreción de una publicación de papel es un trabajo colectivo; una labor de dedicación, cercanía y compromiso que agradezco infinitamente.

Aunque auto citarse resulta odioso, me interesa compartirles lo que es sólo un fragmento de ‘Las palabras del autor’, que también abren el libro, para poder contarles de qué va:

Por mi oficio de periodista, algunos de los escritos están hechos con las herramientas nobles que este arte ofrece. Nacieron luego de tardes y noches de transeúnte, de caminante en las calles del centro y en algunas periferias. Pero son escritos que buscan acercarse a la verdad, que tienen la genuina intención de hablar de la realidad, con todo lo dificultoso, discutible y controversial que esta palabra puede ser (…)

En estos años me he preguntado cuál es límite entre la ficción y aquello que llamamos realidad. Porque también me sucedió que algo se escribía en mí mientras caminaba o pedaleaba. Una percepción, una idea, un parecer, acababa llegando a la escritura en forma de ficción.

En los emprendimientos político-socio-culturales de los que participé (llamémoslo así en general), siempre me interesó el trabajo de hormiga, la tracción a sangre. Así como creo que los oyentes en radio «se ganan» de a uno, no pienso diferente respecto de lo que pueda pasar con este libro: quisiera que llegue a las personas curiosas y lectoras con quienes, en este pueblo y alrededores, compartimos gustos, intereses, preocupaciones, también anhelos, problemas y deseos.

Vale contarles que el libro tiene poco más de 160 páginas, unos 40 textos y también algunas fotografías. Y es oportuno decirles que avisaré por estas redes, próximamente, lo que será la pre-venta y el precio de tapa, puesto que la vía principal será la venta directa, al menos en esta primera instancia y considerando la cantidad de ejemplares impresos.

Les dejo mi saludo afectuoso a quienes se alegran con esta noticia.

Hermoso todo

Apuntes al paso y de un tirón. Una especie de editorial dominguero que posteé en mis redes y que dejo por acá, a manera de registro de algunas observaciones sobre el espanto de la política argentina.

1️⃣ Esta semana se supo que El Presto, famosísimo en redes, el que dijo meses atrás que Cristina se iría “escupiendo sangre”, que reivindica su foto con Videla, que fue candidato frustrado de los libertarios en Córdoba amigote de Milei, que hizo transmisiones en vivo con el ala dura Pato Bullrich; decía, se supo que tuvo una relación muy cercana con Brenda, la piba de Los copitos que moría de ganas de matar a Cristina, y casi lo logra.

2️⃣ Esta semana el kirchnerismo puede estar orgulloso, imagino, de trasladar mujeres mapuches de Río Negro a la cárcel de Ezeiza, y entonces renunció la ministra del Ministerio de la Mujer; mientras a La Nación+ se le hace agua la boca diciendo, toda la semana y todas juntas, las palabras “mapuches”, “terroristas”, “foquistas”, “guerrilleros” y “montoneros”.

3️⃣ El operativo de la Bonaerense de súper Berni, ministro de Seguridad de Kicillof bancado por Cristina (que era buchón de los mineros de Río Turbio hace dos décadas), supongo fue la frutilla del postre, con cientos de familias hinchas de Gimnasia escapando de los gases y de las balas de goma, con un policía disparando al cuerpo de un camarógrafo que lo filmó, y un pobre hombre infartado ante el espanto de ver en esa situación a los niños de su familia.

4️⃣ A la renuncia de la ministra de Mujeres, se le suman al Poder Ejecutivo Nacional las renuncias del ministro de Trabajo y del ministro de Desarrollo Social este fin de semana, en estas horas. El único que parece gozar de buena salud es Massa, que cumple a rajatabla con el FMI (deuda del gato, memoria) y ajusta, ajusta, ajusta: partidas en obras públicas, programas sociales, educación y sigue la lista.

5️⃣ Aunque quizá menos importante pero también atendible y sintomático, el bueno de Manes, dirigente radical nacional, todavía existen, tuvo la osadía de decir una verdad en la señal de TV de Macri: que el ex presidente había espiado ilegalmente. Cualquier sensato puede comprobarlo en Google o simplemente hacer memoria de años atrás, desde los tiempos del Fino Palacios, Ciro James y sus años de jefe de gobierno porteño; hasta las familias de las víctimas del ARA San Juan espiadas hace un par de años. Y entonces el bueno de Manes la pasó muy (muy) mal. Y lo cruzaron hasta los radicales. Risas, fin del chiste.

6️⃣ Un detalle quizá, pero vamos con lo autóctono en la misma línea: el gobierno de Alicia Kirchner esta semana difundió una actividad de celebración de la Guardia de Infantería con estética y contenido al estilo Rambo. Para machitos, para hombres duros, eso transmitían y comunicaban, eso significaba (cómo después no van a detener y fajar a la gente “por putos”). Es loco, ¿pero a nadie le llamó la atención esa noticia, así presentada, antes de ser publicada en la web de Gobierno? Al día siguiente (y al siguiente) trataron de emprolijar con otras notas sobre la misma celebración. Acá se agranda Chacarita: se agradece la lectura de esta humilde cuenta personal que, ironías aparte, ojalá sirva para que de-construyan y se re-planteen; me refiero a la policía y sus mandos.

Ala dura por aquí, ala dura por allá. Alas duras por todos lados.

Hermoso todo.

¿Qué es de la vida del presidente?

Con la marca de la gorra

Un parte de prensa de gobierno que transmite violencia.

La foto que está al pie la difunde el propio gobierno de Alicia Kirchner en su página de noticias. El comunicado de prensa cuenta, con este flyer literalmente en llamas, que “La División Guardia Infantería de Río Gallegos realizará una carrera por su 18° Aniversario”.

Dicen que va a ser en “instalaciones de la dependencia y está destinada a todas las áreas de la Policía de Santa Cruz”. Para más datos, “es una carrera en equipo, conformada por cinco efectivos, que consiste en 8 KM con obstáculos donde los participantes deberán realizarla con el uniforme que utilizan diariamente”.

“Los participantes deberán superar diferentes obstáculos durante la carrera como cargar dos cubiertas a una camioneta y empujar el automóvil 100 metros, pasar por agua, subir rampas y escaleras. Al kilómetro cuatro deberán cargar una cubierta entre el equipo y trasladarla hasta el siguiente punto”, detallan.

Es una carrera para hombres duros, parece. El flyer es inapelable. Es un facilismo (acepto el mote de chicana) decir que a este parte se le nota la marca de la gorra. Aunque –y esto ya no es chicana– a la Infantería la mayoría de las veces no se le ve el rostro. Lo recordamos desde los años del GOE; ni que hablar cuando la mano estaba jodida en las protestas sociales años atrás. Allí estaban, enmascarados.

En este pueblo chico he podido conocer, en circunstancias laborales y personales, a dos policías de la guardia de Infantería. Uno de ellos, recuerdo, cierta vez me contaba que llegaba tarde a cierta actividad común porque venía de intervenir en una casa, en la zona del San Benito, en la que un tipo fuera de sus cabales tenía secuestrada a su familia, estaba armado, y amenazaba con matar a alguien y suicidarse. No debe ser una tarea fácil resolver esa situación, sin dudas.

Hecha esta salvedad, no puedo evitar pensar, viendo esta noticia estilo Rambo, comunicada desde la propia Policía, claro está; que por mi oficio y por interés suelo llevar la cuenta de los casos de apremios ilegales, es decir, de las feroces golpizas policiales, en dependencias de Río Gallegos, con la participación necesaria de la Guardia de Infantería, en casos de operativos que suelen empezar en la calle.

Una vieja experiencia familiar nos recuerda al entonces GOE (Grupo de Operaciones Especiales) haciendo y deshaciendo contra adolescentes que apenas teníamos 15, 16, y el único “delito” era llevar los llaveros con cadenitas que entonces usábamos los rockeros pesados y que, incluso, comprábamos en las tiendas de entonces. ¿Así que cadenitas? ¡Pero si es un llavero! Marche preso, a pasear en la camioneta, palo y a la bolsa.

De modo que la violencia de este flyer difundido por el propio gobierno no me hace ninguna gracia. Acaban de hacer un gran congreso de Seguridad, desde el ministerio a cargo. Sería genial que le enseñen a tantos policías a no pegarle a la gente, y que tenga consecuencias cuando lo hacen.

Si es por violencia policial, Caleta se lleva la peor parte, con 4 muertes adentro de las comisarías en 1 solo año. No debemos olvidarlo.

El flyer de difusión publicado por Prensa del gobierno provincial.

La radio, los amigos

El reencuentro de esta tarde con Gustavo Duarte, el querido Pájaro, tuvo algo singular: él era el dueño y director de FM Río Gallegos, donde nos conocimos hace una década para hacer nuestro programa de radio de actualidad, llamado Así Estamos. Allí fue donde iniciamos un vínculo que hace ya varios años es una amistad.

Sandro es amigo del Pájaro, aunque a él lo conocí unos años después y, con el tiempo, también nos hicimos amigos. En 2016, cuando éramos sólo compas de la Feria del libro independiente (la FLIA), fui a su programa Rock Sin Vueltas en calidad de invitado, en el estudio del Pájaro donde en 2012 habíamos hecho Así Estamos.

Pero fue recién hoy, esta tarde, la primera vez en que nos juntamos los tres, en reunión de amigos, en la visita del Pájaro a la ciudad después de varios años de estar residiendo en otro lugar.

El periodismo, el interés por la política y –sobre todo– la pasión por la radio han sido nuestras grandes cosas en común.

Cuando nos estábamos despidiendo les pedí registrar el momento. Porque pensaba en estas horas que, este año en particular, tuve la posibilidad de ver coincidir a amigos, amigas, a personas muy queridas, que en varios casos no se conocían entre sí y terminaron (terminamos) compartiendo momentos de enorme gratificación para todos.

Es una verdadera suerte.

El Pájaro, quien suscribe, y Sandro (con remera de La Aplanadora).

No importa cuándo veas esto…

APUNTES AL PASO.

No importa cuándo veas esto: este país es una mierda. Eso es lo que parecen decir, es lo que dicen, lo que transmiten cada día, estos muñecos que son operadores del ánimo y de la psiquis y que se hacen pasar por periodistas.

Cualquier bondi les queda bien para hacer lo de todos los días: en su “editorial” de ayer, como no podía ser de otra manera, usaron la muerte de la reina Isabel para pegarle a Cristina y a Argentina, este país de mierda (transmiten).

El hijo de Viale es directamente panfletario y chicanero todo el tiempo, Rossi en cambio habla de las “lecciones cívicas de una reina ajena” para, con más pretensiones de sofisticación, transmitir lo mismo: este es un país de mierda.

Sé que lo que cuento, el episodio, es apenas una anécdota. Tampoco tengo pretensiones de más, es una mínima exposición a modo de catarsis. A una semana del intento de asesinato de la vicepresidenta, el ecosistema de medios, que va y viene y se retroalimenta con lo que pasa en las redes (desde TikTok hasta las cadenas de wasap), está intacto.

Retomo, los sesgos y los argumentos a cada lado de la grieta están intactos, incluso reforzados. Ayer, una analista de opinión pública decía incluso que, tras los primeros sondeos de percepción social tras el magnicidio frustrado, los resultados indican que se reforzó el sesgo a uno y otro lado.

Un grietista me dirá por qué no digo lo mismo del Gato Sylvestre, que en C5N y a la misma hora nos grita como si fuéramos idiotas, pero con el argumento exactamente inverso. Sí, es así, sólo que en casa hice zapping con los muñecos de LN+.

No creo de ninguna manera que seamos un país de mierda: de hecho tenemos un país magnífico, lleno de virtudes y cosas buenas. Sí creo que estamos hechos mierda y que, no sé muy bien cómo, tenemos que tratar de salir de las trampas que nos venden a diario desde sectores de poder de quienes sólo vemos sus muecas.

Viernes, en el Prime Time de la TV.

Periodis-no

Para hacer periodismo y, más aún, periodismo de actualidad, a diario, entonces hay que informar, analizar y opinar. Siempre en ese orden.

La verdad es muchas veces una cosa compleja, discutible, porque lo que llamamos realidad lo es: la cosa pública, lo común, es tantas veces discutible. Pues bien, que la verdad sea entonces el norte a tratar de alcanzar.

En este modo selfie de vida que vivimos: yo, yo y después yo; y en la era de la posverdad que nos atraviesa, donde la realidad se construye y existe en un ecosistema a gusto del consumidor (que se retroalimenta), sucede entonces que estas bases del periodismo están volando por los aires hace ya un tiempo (al menos de lo que pienso que se acerca a la idea de periodismo).

Por eso, pensaba, Magdalena Ruiz Guiñazú, con todo lo discutible y opinable que es susceptible de ser, parece una periodista de otra era, de otro tiempo. Porque lo es.

Nada (muletilla), pensaba esto mientras veía a periodistas en los medios nacionales hablar de ella y del periodismo a lo largo del día.

Y ya que estamos, para exorcizarme un poco digo que, es un espanto todavía mayor, escuchar a diario que comunicadores que tienen que informar, primero deberían informarse, porque no tienen puta idea. Y de paso, ya que estamos, cultivarse un poco.

Al día de hoy, los libros no muerden.

*

MAGDALENA. Muy grosa, distante años luz de la basura que abunda en los grandes medios en este tiempo. Por una cuestión generacional, la escuché en el tramo casi final de su carrera, con “Magdalena tempranísimo” en los años de Continental, durante los primeros gobiernos kirchneristas.

Sus entrevistas con Aníbal Fernández, siempre vocero ocupara el cargo que ocupase, eran muy buenas, a fondo, interesantes y muy entretenidas. La verdad, Magdalena casi siempre tenía razón en el sentido de sus repreguntas y planteos: era muy aguda y súper directa. En esa época tenía de columnistas a Edgardo Alfano, de los pocos periodistas con “línea política propia” del Grupo Clarín, y la excelente María O’Donnell, que ya era buenísima entonces y, desde hace una década aprox., conduce sus propios programas.

No la seguí en los últimos años de Mitre con Lanata, con una línea editorial cada vez más sesgada y afín a ciertos sectores de poder político-económico del país y de la región (me refiero al medio y no a ella), y luego le perdí el rastro. Como sea, cualquier periodista o comunicador que aspire a intentar hacer buen periodismo, en particular en radio, tiene que escuchar programas de radio como los de Magdalena. QEPD.

La señal TN, del Grupo Clarín, fue la primera en dar la noticia.

Creer

Me obsequió anoche un regalo, «por tu cumpleaños», aclaró (pero mi cumpleaños fue hace cuatro meses).

Y me trajo un libro que busqué y no encontré en las librerías que recorrí en enero en Buenos Aires, en singulares circunstancias (sin embargo yo nunca le dije que había buscado este libro).

Supongo que estas cosas pasan porque somos amigos (como sea, me gusta y elijo creer)

*

Gracias Ernesto Zippo por «El violento oficio de escribir», del gran Rodolfo Walsh.

Verdad poética

Decía hace unos días que siempre llego culturalmente tarde, o medio tarde, a casi todos lados. Seguramente en unos años me parecerá genial una canción que fue editada este año y conoce medio mundo. Lo mismo me pasará con un libro, con un autor o una autora, con una serie.

Este libro salió hace justo un año y en estos meses se fueron publicando varios poemarios más de esta colección, Poesía Sudversiva. El libro reúne a los autores de la primera decena de las publicaciones de esta serie.

Anteanoche lo agarré y me pasó lo que no suele pasarme tan seguido con el género, del que me considero un visitante bastante esporádico.

Entré al libro y ahí me quedé. Y fluyó en la lectura un conjunto de poetas  –en su mayoría mujeres– en quienes encontré versos realmente bellos. Versos escritos con potencia creadora, versos reveladores. Escritos lúcidos, ciertos, crudos, verdaderos. Muchos textos, así.

Celebro la vitalidad y la polenta de estos libros de la revista y editorial que empezó hace dos décadas con el lema de hacer Otro Periodismo.

Como dice Cerati en Deja vu: Todo es mentira ya verás / La poesía es la única verdad / Sacar belleza de este caos es virtud.

Que viva la verdad poética en este tiempo adverso, de este país que también tiene mucho de deja vu.

Autobombo

Le conté al público del Facebook e Instagram algo que pasó en este blog. Allí titulado «La gastritis de los periodistas», acá le ponemos un título más honesto: autobombo.

La gastritis de los periodistas. Ese era el título de una columna de opinión, escrita por un periodista, que leí hace dos décadas y que me marcó. Creo que la leí en la extinta revista Veintitrés, que a principios de los dos mil compraba cada semana (o cuando daba el mango); también compraba TXT, la revista de Adolfo Castelo, que empezó a usar los colores flúor cuando nadie lo hacía en el género y decía que quería que la revista fuera un objeto bonito. Lo era. Luego Castelo murió joven y fue tapa, blanca como su pelo, en su propia publicación.

No recuerdo el nombre del autor, pero era un español el que hablaba de la gastritis de los periodistas. La nota decía, según recuerdo (aunque sabemos que los recuerdos van mutando), que hay periodistas que esperan escribir hoy la nota de sus vidas, y si no será tal vez mañana; periodistas que esperan con su nota voltear a un ministro, a un alto funcionario; o tal vez poner en jaque a un gobierno entero. Sin embargo, este hombre decía en su artículo que, al fin de cuentas, a lo mejor que puede aspirar un periodista es a ser leído (hablaba de los periodistas del papel).

Hoy estamos en plena reconfiguración del periodismo por el impacto de Internet, lo sabemos y lo vivimos (como periodistas y como consumidores). Tal como le sucede a todos los demás consumos culturales, en el sentido amplio de la palabra. El mismo tsunami se llevó puesto al cine, a la televisión, a la música. Internet está reconfigurando nuestra vida en sociedad, al fin y al cabo.

Leí por allí, en un estudio sobre consumos culturales de Argentina que ya tiene unos años, que el libro es el último bastión del papel y que los blogs gozan de bastante buena salud, a pesar de todo. Esto es: parece haber un espacio para la lectura detenida en Internet que va hacia los blogs. Vale apuntar que aquel estudio ya debe tener unos cuatro años, calculo.

Dicho todo esto voy llegando al punto. ¿Escribí este palabrerío para terminar haciendo autobombo? Un poco nomás.

Resulta que este fin de semana posteé en mis distintas redes (Facebook e Instagram: post, historia y reel; más historia de WhatsApp) un resumen de las publicaciones de mi blog personal en los primeros seis meses del año. La idea era invitar al público a leer los trece escritos subidos y, en tren de experimentación, ver qué pasaba. Los de este semestre son, además, textos con más impronta personal que periodísticos. ¿El Like y la reacción llevarían al acto de hacer click e ingresar? Suele pasar que hay contenidos populares en redes que no necesariamente se traducen en el resultado final que se espera (vender un producto, interactuar, etc).

Pues bien. Me dio una gran alegría entrar al blog y leer que “Apuntes de la Realidad (y otras Ficciones) está recibiendo un montón de tráfico”. Recuerdo que la nota más leída, hace dos veranos atrás, fue la que escribí sobre el abandono que hizo el gobierno provincial de la planta estable de El Calafate. Esa nota iba directo a la memoria de miles de santacruceños y se tradujo en lecturas, unas diez mil, un número monumental para un simple blog gratuito y doméstico.

Lo más curioso que ocurrió en estos días es que hay una serie de escritos del blog que alguien leyó desde Irlanda. ¿Acaso un Doolan de mi árbol genealógico? ¿Un irlandés que buscaba otra cosa y terminó en el blog, por lo azaroso que también es Internet? Quién sabe.

Como bien escribió aquel columnista en la revista Veintitrés, un periodista que escribe puede aspirar a ser leído. No es poco, aunque no alcance para otras cosas.

Y aunque me guste el blog y estamos ahora interactuando en estas redes sociales, extraño las revistas de papel y reivindico el valor irremplazable del tacto, en la lectura y en otras cosas de la vida.

POSDATA: If the person from Ireland who read this blog in the last few days is still here, please write a message and say why you are here. I’d love to know the reason.