Viento asesino de las flores

Sabíamos que con la llegada de la primavera mejorarían las temperaturas pero también llegaría el viento. La ecuación más simple se puede resumir en que, en el sur patagónico, cuando no hay viento, hace frío. Y cuando pasan las dos cosas caminamos diciendo ¡Qué fríiiiiooo!, o ¡Qué fríooooo la puta madre!, al menos eso me oigo decir, y agachamos la cabeza.

Esta tarde pasé por la esquina de 9 de Julio y Alberdi. Decime que estás en Río Gallegos sin decirme ‘estoy en Río Gallegos’, podría ser el chiste. Una remera que diga.

Que lo expliquen los urbanistas, pero es la esquina más ventosa de la ciudad, a los pies del edificio Sur Uno, el más alto de estas pampas (que en realidad no es tan alto). ¿Quién no se quedó literalmente suspendido ahí abajo tratando de avanzar, o haciendo fuerza para no retroceder?

Podremos quejarnos de su regreso pero jamás sorprendernos. Es una presencia zumbona e invisible, un fantasma gigante y agresivo demasiado conocido como para asustarnos. Podrán refutarme diciendo que otra es la sensación al oírlo de noche, en medio del campo o cuando se está recién despierto. Es cierto.

Cuando trabajábamos en el libro, Jorge me decía: Me llama la atención que no hables del viento. No me había dado cuenta. En realidad hay una leve mención en un texto que dice que pedaleo con viento, a favor y en contra. Pero es apenas una observación al paso, o secundaria. Por otra parte, la temática del viento como parte del paisaje patagónico también ha sido un lugar común en no pocos textos literarios; un elemento de crítica.

Viento asesino de las flores, empieza la canción de Bolas de Frayle, la banda de rock del Cabe Reynoso. Así arranca: viento es la primera palabra en el primer segundo de la canción. Secaste lágrimas y charcos, llevaste el nylon hasta el mar, dice más adelante. De niño, desde mi ventana en el tercer piso miraba alucinado esas bolsas que se elevaban altísimo, indefensas y con la suerte echada en las tardes de temporal. Volvió tu furia sobre la ciudad, canta también el Cabe. Aplica para hoy. Me encanta esa canción, su melodía y el punteo de la viola.

Hace unas semanas posteé una serie de Consejos de autoayuda (incluye tips para riogalleguenses). Bastante después me di cuenta de que, en aquello que parecía escrito en broma, ponía en juego otras cosas. Aquel día hablé sobre la conveniencia de caminar con buen calzado en las calles de la ciudad; que si es calzado de trekking, zapatillas de montaña, entonces mejor. Ahora que pasaron unos días, veo que aplica para las veredas y calles que el municipio rompió hace tres semanas en pleno centro y la obra no empieza.

El tip más obvio respecto del viento sería que no salgamos a la calle cuando hay alerta amarillo como hoy. Eso es lo que nos dice con razón Defensa Civil (y lo padecen los bomberos).

Sin embargo, prefiero ir por otro lado: sugiero que pensemos dos veces antes de iniciar una conversación por algún tema controversial, por un problema a resolver o por algo que no nos gusta. Y si esto sucede con varios días de viento consecutivos, agarrate con la respuesta.

En las zonas más ventosas del mundo dicen que la gente se vuelve loca, escribió Fito Páez en el librito de un CD que compila los tres primeros discos de Lisandro Aristimuño, también patagónico. Si este viento sigue unos días más, ya verán cómo todos le damos algo de razón.

Esta vez no podremos echarle la culpa al parque de diversiones. Remate sólo apto para riogalleguenses.

Collage caserito propio: el edificio Sur Uno y el track de Viento asesino, de Bolas, en YouTube.

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