Esta noche

Esta noche es la víspera de la gran matanza, el preludio de la ejecución de trabajadores en la Estancia Anita, de los dueños de La Anónima, en cercanías de El Calafate, a manos del Ejército argentino. Es el primer gobierno radical de Hipólito Yrigoyen.

Es también el momento de la huida para unos pocos.

Esta noche –hoy– se cumplen 100 años de la tragedia más grande de la Patagonia: la masacre, la pena de muerte sin juicio previo de cientos de trabajadores que reclamaban por las condiciones de vida más elementales; muchos de ellos chilotes, extranjeros de diversas latitudes, también argentinos. Algunos con formación ideológica: anarquistas, socialistas, anarcosindicalistas. Muchos otros –tantos– no, hombres de trabajos duros analfabetos o semianalfabetos.

Una segunda huelga, la de 1921, que se realizó en solidaridad con trabajadores que habían sido detenidos, luego de una primera huelga en la que los grandes estancieros incumplieron el nuevo convenio de trabajo.

Un número no esclarecido de hombres serán fusilados en Anita esta noche. Van a ser muchos. Será la gran matanza, pero no la única de estos meses. Antes de ser ejecutados van a ser apaleados, estaqueados desnudos a la intemperie de la noche, obligados a cavar sus propias tumbas. Aunque hubo fusilados antes y los habrá después, la masacre en Anita es el hecho emblemático de la represión de la Patagonia Rebelde: una matanza –¿un genocidio?– que permanece impune hasta nuestros días.

Sin embargo, no todos acatarán la decisión de la asamblea de rendirse ante la llegada del Ejército. El Gallego Antonio Soto es uno de ellos. El líder de la Sociedad Obrera intentará persuadir a sus compañeros, les dirá que deben escapar para reorganizarse y seguir la huelga. Huirá junto a un puñado de hombres.

Ese mismo día, en la zona del Lago Argentino pero en un grupo diferente de hombres a caballo, también escapará hacia Chile un delegado rural de la Sociedad Obrera: su nombre es Severo Benítez. Él también salvará su vida y, años más tarde, estrechará amistad con Antonio Soto en el sur de Chile.

Su hijo Dante Benítez, quien falleció hace apenas un mes y medio en Río Gallegos a los 92 años, dio testimonio de quién fue su padre hasta el final. El incansable y persistente trabajo de Luis Milton Ibarra Philemon primero, y de Ernesto Zippo en los últimos años, hicieron posible este registro notable del realizador Christian González Santana, más conocido como El Chileno.

A 100 años exactos de la masacre injusta e impune, invito fervientemente a que miren con atención este trabajo grandioso de tres amigos y compañeros. Ha sido un gusto poder compartir esta reseña en Sudestada, que aporta algunos aspectos complementarios y que también invito a leer.

Link de la reseña, que además lleva al video documental.
Luis Milton Ibarra Philemon (captura de pantalla del video)
Dante Benítez responde las preguntas de Ernesto Zippo.

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